Cuando el gallo canta antes del amanecer: la víspera del desfile de silleteros

julio 27, 2025 Fotografía de naturaleza, Imágenes con historia, Los lugares más hermosos de Colombia

Narrada por el abuelo

El gallo cantó desde muy temprano, como si supiera que ese día era la víspera del desfile de silleteros. La llovizna caía suave sobre las tejas de barro, y el abuelo se levantó. Al abrir la ventana, la madera crujió como protestando por el frío y la humedad. Se calzó las botas de caucho y salió al corredor por donde corría un hilito de agua entre las improvisadas materas llenas de flores. Se dirigió a la cocina donde la abuela ya estaba hirviendo el maíz en una olla grande y brillante y el café esparcía su aroma en el pequeño recinto.

Primera parte: Una historia íntima de abuelo y nieto en Santa Elena, en las horas previas a un día que marcará sus vidas.

Ella usó la punta del delantal para agarrar el asa de la olleta que estaba en el fuego y le sirvió una taza de café con aguapanela al abuelo quien se la bebió deprisa.

—Mijo, ¿ya se va? ¿Qué hacemos con ese gallo tan despistado, está cantando desde las tres de la mañana?

—Pues aguantarlo mija, a no ser que lo quiera invitar a un sancocho— se ríe el abuelo mientras se pone la ruana y el sombrero.

—¿Ya se va? Está lloviendo y todavía está oscuro. — Dijo ella— ¿Por qué madrugó tanto?

—Voy a ordeñar y después voy a empezar a recoger las flores. Si me hace el favor mija, téngame los baldes con agua listos y levante a Matías pa’ que me ayude.

—Claro que sí, ya mismo lo despierto. Espere yo monto los frisoles y voy y le ayudo. Seguro hoy viene mucha visita y también curiosos a mirar la armada de las silletas.

Camino al establo

Las madrugadas en Santa Elena son heladas y húmedas y cuando empezó a clarear, la casa estaba envuelta en niebla. El abuelo con paso decidido tomó el atajo al establo. La mañana comenzaba a despertarse, con el canto de las guacharacas y el zumbido de algunos insectos. Las plantas brillaban con el agua que se resbala por sus hojas, y el musgo en los barrancos estaba verde y esponjoso.

 Al llegar al establo, el abuelo llamó en voz alta:

—¡Magnolia! ¡Margarita! ¡Rosa! ¡Azucena!

Prendió el radio y esperó con paciencia hasta que se oyeron pasos sobre el camino empedrado. Una a una, Magnolia, Margarita, Rosa y Azucena entraron caminando con parsimonia, mientras un vaho caliente les salía de sus hocicos oscuros. Se acercan a la canoa donde el abuelo les había servido el cuido (concentrado) y las fue ordeñando una a una. Después dejó entrar los terneros.

Vamos a cortar las flores

Matías, su nieto de catorce años venía silbando por el camino empujando una carreta metálica.

—¿Bien o qué abuelo? ¿Ya vamos a cortar las flores?

—¿Está emocionado mijo? Es su primer año. Yo me acuerdo cuando hice mi primera silleta, le ayudé a mi papá y quería ir con él al desfile, pero en esa época solo dejaban participar hombres adultos.

—Abuelo, contáme quién fue el que tuvo la idea de hacer un desfile de silleteros.

— Uy mijo, esa historia es vieja… viene desde cuándo por aquí andaban los conquistadores. ¿Imagináte que hace muchos años, estas silletas no llevaban flores, sino personas? —le contó el abuelo—. Mi tatarabuelo cargaba a los señores por los caminos de piedra, subiendo y bajando montañas.

—¿Cómo así que señores? ¿Eran enfermos o qué?

—No mijo, qué va— le dijo el abuelo riéndose. —Eran los ricos, señoras y señores que no querían ensuciarse los zapatos y que además eran flojos para caminar. En tiempos de la colonia los españoles usaban a los indios para cargar todo a cuestas: muebles, víveres, hasta pianos y piaras de cerdos. Iban por los caminos del monte, y no había mulas ni carretas. Después, cuando llegaron las mulas —que son cruce de yegua y asno—, empezó el oficio del arriero y muchos cargueros fueron quedando atrás, pero mis abuelos todavía usaron las silletas para cargar el mercado, el correo, medicinas… Y flores.

Cuando las silletas llevaron las flores

—¿Y entonces cómo fue que las silletas pasaron a llevar flores?

—Eso fue a mediados del siglo pasado. Los silleteros ya eran conocidos en Medellín porque ellos bajaban desde Santa Elena con las flores, pa’ venderlas en los barrios, en los cementerios o en la Plaza de Cisneros. Imagináte que caminaban desde la madrugada con esas cargas.

—¿Y desde cuándo existe el desfile, abuelo? —preguntó Matías mientras bajaba los baldes.

—Eso es más reciente, mijo. El primer desfile oficial fue en mil novecientos cincuenta y siete. Cuando algunas personas influyentes de Medellín vieron el interés que despertaban estos vendedores de flores, invitaron a cuarenta floricultores de aquí de la vereda de Santa Elena, para que desfilaran por las calles de Medellín. Ese año el desfile fue en mayo como un homenaje a la virgen María.

—¿Y ahora? ¿Cuántos vamos a ir?

—A la gente le gustó mucho y desde entonces todos los años se hace en la primera semana de agosto para conmemorar la independencia de Antioquia. El desfile es el corazón de la Feria de las Flores y hay regulaciones. Ahora somos poco más de 500, todos descendientes de los primeros. No todos pueden ser silleteros… pero los que nacen aquí, lo llevamos en la sangre. Y vos, Matías, sos uno de los cincuenta jóvenes invitados este año.

Repasemos la lista de las flores

Llegaron al invernadero y el abuelo repasa la lista de flores que necesitan:

Hay que tener cuidado con los tallos, no todas se cortan igual. Las dalias, mejor cortarlas a primera hora de la mañana, cuando aún no le han dado los rayos del sol de forma directa, para evitar que se deshidraten.

Flores como los crisantemos, dalias, botón de oro y margaritas es conveniente córtalas cuando tienen la flor abierta; mientras que otras como los gladiolos, alstroemerias y boca de dragón las podemos cortar cuando están en botón, pero al menos deben tener al menos una flor totalmente abierta. Los claveles se deben cortar en ángulo en la base del tallo, justo por encima de un nudo de hojas

Matías lo miró emocionado. Lo que llevaban a cuestas no eran solo flores, sino la memoria de su gente.

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