Una ventana de luz en Mount Hood

septiembre 4, 2025 Diario de viaje, Fotografía de naturaleza, Los lugares más hermosos de los Estados Unidos

Esta ventana de luz, que se abrió por unos segundos en Mount Hood, ha sido una de las fotografías más luchadas que he tomado.

¿Dónde está Mount Hood?

Mount Hood es un hermoso volcán nevado en el estado de Oregón, en Estados Unidos. Su cono casi perfecto es la cima más alta del estado y, en los días claros, parece flotar sobre el verde de los bosques.

Le hice muchísimas fotos desde distintos ángulos, desde antes del amanecer hasta después de que ya se había ocultado el sol, porque no solo cambiaba el color del cielo, también lo hacía la nieve.

Mi sueño era poder acercarme. Había un lugar desde donde quería fotografiarlo: el lago Trillium. En su orilla se puede lograr el cono perfecto reflejado en el agua y, si hay suerte, el agua inmóvil actúa como un espejo que recoge los colores del cielo y del bosque.

Un destello de Mount Hood en la tormenta

Estuve visitando esta región en junio, cuando oficialmente ya era verano, pero cada vez que me acercaba había tormenta de nieve. Suena extraño ¿verdad? nieve en verano. Mount Hood es de los pocos lugares en Estados Unidos donde se esquía todo el año. Con más de 3.400 metros de altura y nevadas persistentes, mantiene suficiente nieve incluso en la temporada cálida.

En mis primeros intentos no obtuve buenos resultados. La nieve y la neblina me hicieron regresar. La tercera vez me dije a mí misma que no me daría por vencida. Salí muy temprano de Portland y, después de conducir por más de una hora, dejé el auto en una pequeña zona de parqueo donde una talanquera cerraba el paso. De ahí en adelante tuve que seguir a pie sobre la nieve. Me vestí de invierno, ropa térmica, chaqueta, guantes, gorro y crampones. Los crampones son unas piezas metálicas con puntas que se ajustan a las botas y dan agarre en nieve dura y hielo.

¿Cómo llegué?

En la mochila llevaba la cámara y el trípode. Tomé mis bastones, mis compañeros inseparables en la montaña. Nevaba, aunque no muy fuerte, y yo conservaba la esperanza de que el cielo se abriría para mí. El sendero no daba buenas señales, encontré árboles arrancados de raíz y ramas quebradas que debí sortear.

Cuando llegué a la orilla del lago, instalé la cámara sobre el trípode y esperé con paciencia. El lugar estaba desierto, salvo por una familia que pescaba. Pensé que yo también estaba pescando, pero lo mío era intangible: una quimera.

Mount Hood, un guiño entre nubes

El cielo estaba tan oscuro que ni siquiera sabía con certeza dónde estaba el volcán. Después de un buen rato, las nubes empezaron a moverse. Por unos segundos, y a través de una pequeña ventana entre los nubarrones, apareció la cumbre, iluminada por un rayo de luz. Disparé emocionada. No era la foto que esperaba; no vi el cono perfecto ni su reflejo en el espejo del lago. Fue solo un guiño amoroso de la montaña. Un premio a la constancia y a la paciencia.

Unos minutos después esa ventana desapareció y aunque esperé por otra oportunidad, esta no llegó.

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