Claro de Luna: Inspiración para mi primer collage digital
«Claro de luna» fue el título de mi primer collage digital, inspirado en la puesta de la luna sobre el mar. Hace más de veinte años, cuando apenas empezaba a combinar la fotografía con la pintura y el arte digital, me hice una pregunta que aún persiste:

—¿De dónde viene la inspiración?
—¿Cuándo y cómo llega ese instante en que todo encaja y sé que he creado algo que, al menos para mí, tiene sentido?
Tecnologías cambiantes
En la primera década del siglo veintiuno, la tecnología daba sus primeros pasos hacia lo digital y yo estaba aprendiendo y experimentando, sin saber muy bien a dónde iba con mi trabajo. Solo tenía una certeza: a veces, presenciaba momentos tan hermosos que sentía la necesidad de conservarlos para siempre.
Uno de esos momentos ocurrió durante un viaje a Providencia, una pequeña isla del Caribe colombiano. Era una noche clara, con una brisa cálida que levantaba la cortina de mi habitación. Desde mi cama, veía la luna llena moviéndose con lentitud sobre el cielo. A mi lado, pegado a mi cuerpo, dormía mi bebé, respirando en calma. Escuchaba las olas deslizándose en la playa, el susurro del viento entre las palmas, el leve llamado de las aves costeras. De pronto, unas nubes tenues pasaron veloces frente a la luna, formando arcoíris circulares y fugaces.
Retrocediendo en el tiempo
Esa escena me llevó de vuelta a mi adolescencia, a una madrugada en una playa solitaria donde acampaba con mi familia. Tenía unos quince años. Recuerdo haber visto cómo la luna cambiaba su color plateado por tonos dorados, luego naranjas, y al tocar el horizonte se volvía rosa, hasta fundirse en un rojo intenso. Duró apenas unos minutos, pero se grabó en mí para siempre.
Durante ese nuevo amanecer en Providencia, quise capturar la luna antes de que se sumergiera en el mar. Tenía mi cámara lista y, sin despertar a mi hijo, logré atrapar ese instante que había vivido dos veces, con años de distancia, pero con la misma intensidad.

Componiendo con inspiración
Unos meses después, comencé a trabajar en una nueva técnica. Hice el primer boceto usando esa fotografía como punto de partida, pero la imagen no lograba expresar lo que había sentido. Necesitaba el viento, el sonido, los colores que vibraban dentro de mí. Así nació mi composición: un collage construido con más de veinticinco capas entre fotografías, pinturas al óleo y arte digital, donde intenté reunir no solo lo que vi, sino también lo que sentí.






- Empecé con una imagen inicial que tomé en Providencia.
- Pinté la pared dejando un espacio para la ventana.
- Coloqué la ventana y sus reflejos en el vidrio.
- Fotografié objetos sobre una mesa y digitalmente agregué el fuego en las velas y el humo, para dar la sensación de viento.
- Iluminé los reflejos de la luna y el fuego
- Usé una fotografía real de una cortina, bajando la opacidad para hacerla transparente.
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